
- La pelota que almacena energía - www.soccket.com
Cuatro estudiantes de la universidad norteamericana de Harvard diseñaron un sistema mediante el cual, las pelotas de fútbol pueden almacenar la energía cinética que se genera al practicar el deporte. Luego, dicha energía se utilizará para encender lámparas durante la noche. La propuesta, llamada soccket, también incluye un sistema de financiamiento y distribución en los países más pobres del mundo.
Solución a la crisis energética
Actualmente, uno de cada cinco hogares en el mundo no cuenta con ningún tipo de energía eléctrica. Eso lleva a muchas familias a iluminar sus viviendas con métodos tan contaminantes como insalubres para quienes la emplean. Entre ellas, las lámparas de queroseno.
A partir de esta iniciativa, se llevaría energía limpia, barata y sustentable a los distintos rincones del planeta que no cuentan con esta posibilidad. Si bien hasta el momento los balones solo sirven para abastecer a focos LEDS, la idea de las creadoras es extender dicha capacidad a otros insumos del hogar.
También, para financiar la propuesta y seguir ofreciendo el producto a un costo económico a los distintos usuarios, se diseñó una forma de utilizar las socckets como cargadores de batería de celulares. Así, se vende el producto en el mercado norteamericano, y lo recaudado se destina al financiamiento de nuevos socckets.
Cómo funciona el sistema
Las estudiantes ingeniaron una manera de instalar receptores que almacenan la energía que se genera con el movimiento y los golpes que recibe el balón. Con sólo quince minutos de uso, se genera suficiente potencia como para mantener encendida una lámpara LED (diodo emisor de luz) por tres horas.
En un primer momento, el diseño utilizaba otro tipo de generador energético, pero era demasiado frágil y no resistía más de dos meses de uso. Además, su valor de producción era muy alto, por lo que la opción de hacerlo masivamente y venderlo a bajo costo a los pueblos sin luz no era factible.
Sin embargo, las estudiantes –todas especialistas en energías renovables y sustentables- decidieron modificar el sistema para que tuviera menor valor de producción y fuera más duradero. Básicamente, un sensor se mueve dentro del balón, registrando y almacenando la energía generada al girar sobre una superficie.
Innovador esquema de promoción y distribución
Al no contar con una empresa que fabrique el producto, las creadoras ingeniaron una serie de medidas para que las pelotas puedan ser distribuidas utilizando redes de organizaciones no lucrativas. Además, pensaron un sistema de marketing para financiar el proyecto. Cualquier particular o firma puede hacer un aporte económico equivalente a un número de pelotas. Por ejemplo, donar el dinero necesario para generar 100.000 unidades.
A cambio, esos socckets llevarán el logo de la empresa o persona. Además, a las organizaciones no gubernamentales (ONGs) que aporten su logística para la distribución de los balones a las zonas carenciadas de energía, se les permitirá también agregar su nombre y una frase. Así, por ejemplo, también se podrán usar para difundir diferentes campañas que busquen frenar la violencia contra las mujeres o la prevención del VIH, en función de la organización que aporte su logística. De esta manera, tanto el costo de producción como el de traslado dentro de un país quedarían cubiertos por los donantes y las ONG, respectivamente.
Las creadoras
Julia Silverman es analista de investigaciones para el Banco Mundial. Además, es especialista en desarrollo sustentable para África. En la universidad de Harvard compartió un trabajo con Jessica Matthews, Jessica Lin y Hemali Thakkar.
El desafío era pensar una manera de llevar energía renovable a lugares donde no había ningún tipo de corriente. A Silverman se le ocurrió el soccket (mezcla de las palabras soccer -fútbol- y socket -toma de corriente). Aprobaron la materia, pero su proyecto no era viable. Por eso, invirtieron su tiempo y dinero -organizaron torneos de soccer a beneficio del proyecto, y otras colectas dentro de la propia universidad- para generar un nuevo soccket, más barato y funcional. Las cuatro creadoras cursan carreras relacionadas con el medio ambiente y las nuevas energías para sectores carenciados.
Muhammad Yunnus, el precursor
El economista de Bangladés, ganador del premio Nobel de la Paz en 2006 por su proyecto del Banco de Microcréditos, fue también un pionero en la generación de energías limpias para Asia y África. En India, otorga créditos a mujeres para que instalen en sus viviendas (o negocios) paneles de energía solar.
Con la potencia generada, se puede reemplazar el gasto de mantenimiento de lámparas de queroseno. Además, hay ocasiones en las que una vivienda no alcanza a consumir lo que genera un panel, por lo cual se puede vender la electricidad a alguna vivienda o negocio vecina.
Junto a la propuesta de los paneles solares, Yunnus también otorgó créditos y capacitación para que las familias agricultoras pudieran, en su propia granja, instalar una pequeña planta que transforme el gas metano del estiércol de sus animales en energía suficiente para sustentar sus requisitos.
